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lunes, 3 de noviembre de 2014

Manifestación 008 Ciertos factores que han incidido en nuestra identidad nacional



4.        UN INNEGABLE HONOR NUNCA CONSOLIDADO


Grandes descubrimientos como el del imponente “río de ríos”, el Amazonas y todo su extenso y rico entorno selvático del “País del Dorado y la Canela”, que es o, mejor dicho, fuera orgullo de Quito y para la humanidad toda, por todo el esfuerzo de planificación, logístico y operativo que significó esa magna empresa de conquista para las gentes, de la entonces Audiencia de Quito.

No sólo había que contentarse y conformarse con el hecho histórico del descubrimiento del caudaloso e imponente río Amazonas. El no haber sustentado el descubrimiento y posterior colonización, con la presencia humana, civilizadora y política, ha permitido que nuestro país pierda su soberanía y derecho de posesión sobre esos inmensos territorios amazónicos.

Esa fase de colonización de aquellos bastos y ricos territorios no ocurrió ni se desarrolló de una manera halagadora y, ahora los ecuatorianos nos lamentamos por tan gruesas y continuas deficiencias y desacertadas decisiones, de políticos y líderes nacionales, quienes se ocuparon primeramente de situaciones egoístas, minúsculas, gregarias e intrascendentes, antes que de los intereses sagrados de la patria y nación ecuatorianas.

Sin embargo, aquel magno acontecimiento para la patria y para el mundo fue obra del tenaz espíritu aventurero español y de la fortaleza, aguerrida e indomable estirpe quiteña. Loor a los hijos de esta suelo patrio.


5.        TALENTO ANCESTRAL MANIFIESTO CON ORGULLO Y TESÓN EN EL ARTE COLONIAL


Al referirse a otro campo de aquel copioso período nacional, el del talento humano; como dejar de sentirse orgulloso al constatar de cómo las artes plásticas: pintura, escultura, arquitectura; la música, literatura, la ciencia, la cultura, el pensamiento, el comportamiento humano, se desarrollaron durante la colonia, en esta parte del continente americano; sin embargo, los ecuatorianos de hoy no le hemos prestado la debida atención a las enseñanzas, a la fecunda y variada producción cultural que en esta época se generó, para orgullo y provecho nuestro, como para la humanidad toda.

Para sentirse verdaderamente orgulloso de lo que se posee, conserva y se admira, referente al campo artístico, es menester mencionar a la famosa “Escuela de Arte Quiteño”, que fue mezcla de técnica clásica europea con aporte de lo criollo, de lo indígena, para servicio del ideal religioso.

Quito, fue la cuna de la expansión artística colonial del continente sudamericano; con todos aquellos talentosos “naturales”, con habilidades innatas, de sutiles y sensibles espíritus que la conformaron y la hicieron brillar por siglos, hasta la actualidad, por lo impecable y sobriedad del arte plasmado en el lienzo, en la noble madera, en la fría y dura roca, que perduran en piezas de arquitectura en conventos, atrios, fachadas de templos e iglesias, en solemnes sepulturas y otros tantos edificios coloniales. Orgullo quiteño y ecuatoriano.

Piezas de escultura religiosa, concebidas en los talleres del legendario Colegio de San Andrés. Institución encargada de enseñar artes y todos los géneros de oficios, a los indios y mestizos de la colonia en estas comarcas. Época que produjo grandes artistas canteros, escultores y talladores en madera, que produjeron verdaderas joyas de arte en imágenes de Cristo, Vírgenes y Santos, retablos, altares, atriles, púlpitos, puertas labradas y miles de muebles en madera tallada para el abusivo y desconsiderado clero de la época, así también para nobles y acaudaladas familias.




La producción pictórica del arte colonial quiteño tuvo su esplendor, con Miguel de Santiago en primer plano, Bernardo de Legarda, Luís de Ribera, Pedro Bedón, Nicolás Javier Goríbar y Martínez y otros extraordinarios artistas, brillaron con sobra de merecimientos y calidad de sus fabulosos cuadros y telas, en aquella difícil e injusta época. Los museos, templos y conventos quiteños y de otras latitudes exhiben airosos sus maestras muestras coloniales, dignas de los hijos de este pueblo.

Se ha evidenciado que solo Miguel de Santiago, con su magnífica producción de reconocidas obras, supera a todos los pintores del resto de América del Sur, de aquel generoso periodo del arte quiteño.

El talento nativo, en la escultura colonial de la Presidencia de Quito, está encabezado por el “príncipe de la escultura colonial quiteña” Manuel Chili, apodado “Caspicara”, conjuntamente con José Olmos, más conocido como “Pampite”, José Díaz, Diego Rodríguez, Antonio Lorenzo, Francisco Machacoay, Jorge de la Cruz y su hijo Francisco Morocho, distinguidos y refinados artistas quiteños que dieron brillo, color y vida a templos, monasterios, conventos, iglesias y casonas particulares de la época, con sus impresionantes y eternas figuras y obras. Hasta hoy admiradas e inigualables esculturas.

Todo este magnífico e insigne esfuerzo humano colonial quiteño es evidenciado, para orgullo y deleite de coterráneos y turistas de diversos países que llegan a conocer al gran “país de la mitad del mundo en América”, en sus actuales museos, templos e iglesias del centro colonial de Quito: San Francisco, la Catedral, la Merced, Santo Domingo, San Agustín, la Compañía, entre otros, a los que, no muchos ecuatorianos, visitan ni admiran, por la poca educación y cultura en arte religioso y colonial que se ha inculcado. Otra, lastimosamente, gran falla del sistema educativo nacional, al no fomentar el interés y apego al arte, en los ciudadanos.


Impresionante interior de la Iglesia de la Compañía (Quito)


Todo buen ciudadano ecuatoriano debe conocer, apreciar, difundir, defender y sentirse muy orgulloso de aquel legado artístico y patrimonio cultural de nuestro país.


domingo, 19 de octubre de 2014

Manifestaciòn E007 El majestuoso rey de los andes ecuatorianos. Nuestro olvidado cóndor



Otro de los íconos nacionales que los ecuatorianos no le hemos sabido prestar una adecuada atención y que se lo ha descuidado, es el mítico cóndor andino, el altivo “Rey de los Andes” símbolo imponente y soberbio del Escudo Nacional Ecuatoriano. La mayoría de ciudadanos de este suelo no conoce su significado y representación de este gigante alado en nuestro escudo de armas. Deben ser difundidos con mayor ahínco y entusiasmo en la escuela, el significado de los elementos de los símbolos patrios, en especial el del cóndor.

A lo que me refiero en particular es que, el “Rey de los Andes”, que debería ser y es, a no dudarlo, el orgullo de todo buen ecuatoriano, está en peligro de extinción. No hay ley para su protección ni para su recuperación, como lo hay en otros países andinos, a pesar que no tienen a este gigante del cielo, como su símbolo nacional. Considero que esta pasiva y descuidada actitud, demuestra una escasa o ninguna preocupación por parte del ciudadano ecuatoriano, con respecto a este ícono de poder y fortaleza nacional. Me atrevería a decir que es más por desconocimiento de su significado e importancia que tiene, para la identidad de este pueblo andino.

Majestuoso cóndor de los andes ecuatorianos

Los ancestros, a lo largo de los tiempos históricos, en la grandeza de la cordillera de Los Andes, las antiguas culturas americanas como la Chimu, Moche, Inca, Shyri, Puruhá, entre otras, lo respetaban, lo contemplaban y hasta le temían, por lo bien que lo conocían; quienes lo admiraban por su gran valentía, temeridad e intrepidez de raza, que este esbelto y arrogante coloso andino irradiaba y enseñaba a los antepasados habitantes, al momento de decidir el final de su larga existencia, su muerte, a través del suicidio, practicado por los de su especie, desde hace milenios.

Ahí radica el principal significado de nobleza, orgullo y valor que los antepasados de estas tierras, aprendieron, conservaron y mantienen, hasta el día de hoy, sobre las lecciones naturales de su “Dios de la montaña”.

Este paradigma mitológico, remonta su último vuelo hasta alcanzar la infinita altura, desde la cual dominó el vasto espacio y deslumbró a lo terrenal, para luego descender raudo, en vertiginosa picada, a una velocidad extraordinaria, para súbitamente estrellarse contra la faz rocosa de la montaña, la que quiso igualar su horizonte, que al final lo logra, por el fugaz deceso de su noble y centenario huésped, dando así, esta mítica y legendaria ave, fin a su reinado en los límpidos y azules cielos andinos.

El cóndor, fue considerado y venerado como símbolo de sabiduría, justicia, bondad, disciplina, altivez por todas las tribus y confederaciones indígenas de los andes del sur del continente. Hoy los científicos modernos nos informan sobre el indispensable rol que, en el equilibrio de la naturaleza, su gallarda presencia representa.

En tal virtud el cóndor andino, el ave voladora más grande del planeta, símbolo de varios pueblos latinoamericanos que, con una envergadura de sus alas de hasta 3,5 m. de largo y de casi un metro de alto fue, sigue y seguirá siendo, un ícono ancestral de identidad, intrepidez, coraje, serenidad, de importancia religiosa y representación de la civilización prehispánica, que debería ser recuperado, estudiado, conocido, protegido, admirado y venerado por los ecuatorianos.


El ave voladora más grande del planeta

De esta manera se entiende la importancia y significado de fuerza y valentía que el cóndor tiene, al haber sido ubicado esbelto e imponente, en la parte dominante del sagrado símbolo patrio: el Escudo de Armas del Ecuador, por el temerario y rebelde general de Montecristi, Eloy Alfaro Delgado, en 1900.

Videos documentales, material impreso, murales y múltiples productos de difusión sobre uno de los íconos más representativo que dispone el Ecuador para mostrarse al mundo, deberían ser elaborados y producidos, con mayor intensidad, por el Estado y por aquellas empresas con espíritu nacionalista, practicantes de la filantropía, generosas, y así contribuir con la recuperación de la identidad nacional ecuatoriana y amor a la Patria.

Recordemos que, el disponer de una fuerte identidad ecuatoriana, incidirá favorablemente en el desarrollo nacional, en el comprometimiento con la investigación científica para la producción de bienes, en el control de la corrupción y gobernabilidad responsable, etc. El ser humano de este país estaría mejor predispuesto para desempeñar su rol con honestidad, decisión, seguridad espiritual y ética. Se abriría al mundo para dar a conocer y promover a su país, sobre lo que este dispone y produce. El ecuatoriano trabajaría con fuerza y tesón en pos de su engrandecimiento, en estos tiempos de globalización, de carencias y amenazas mundiales y tendencias de integración regional.
Liberación de un cóndor, luego de su recuperación

Se espera que nuestros jóvenes combatan la ignorancia histórica, a través de actividades colectivas tendientes a fortalecer la identidad nacional ecuatoriana. De lograrse, estoy seguro que la recompensa será un nuevo rostro y nuevo ciudadano.

martes, 14 de octubre de 2014

Manifestación E006 Ciertos factores que han incidido en nuestra Identidad Nacional



2.        Impacto del incario en nuestra identidad


Durante el breve y progresista período incásico en el que vivieron y evolucionaron los habitantes de estas tierras, la mayoría de comunidades, nacionalidades y confederaciones indígenas de lo que hoy es el Ecuador, pasaron a formar parte del vasto Imperio de los Inca: el “Tahuantinsuyo”.

Se debe recordar con orgullo que, el último Inca gobernante de este gran imperio, fue el monarca Atahualpa, el Inca quiteño, que infelizmente murió asesinado, en Cajamarca en 1533, a manos de los ambiciosos y muy “católicos” blancos, invasores desde España.

No se han podido identificar vestigios ni rastros de identidad sobre la pertenencia, a esta última circunstancia política, en la sociedad ecuatoriana. Son casi inexistentes los sentimientos de identidad y relación con el incario, sea por motivos históricos causadas por situaciones de alienación que se generaron en aquellos momentos de la conquista española en el continente americano, sea por reacción natural de los pueblos de ser verdaderamente libres y no someterse o subyugarse a nación conquistadora alguna o por que la ambición de los codiciosos invasores españoles, sedientos de poder, territorios y riquezas, que obligó a la división política administrativa de las nuevas tierras, forzando y precipitando la conformación de entidades territoriales ajenas a la realidad local e imponiendo un nuevo orden político y social, a la usanza de la España de esa época, con el consabido resquebrajamiento, en territorios diminutos, solitarios, débiles, olvidados y dramáticamente explotados, actualmente llamados países Latinoamericanos, entre ellos, el Ecuador contemporáneo.

Son muchas las razones, claro está, por las cuales los habitantes de estas tierras se desunieron y separaron de su imperio con el que ya estaban identificados; se evidencia que estos pueblos corrieron el riesgo de quedar desamparados, espiritual y sentimentalmente, al vaivén del tiempo, sin soporte ancestral o sin capacidad de acrecentar o mantener su identidad, cultura, vida social, fortaleza guerrera y demás manifestaciones humanas, propias de un conglomerado espiritualmente sólido y con legados ancestrales bien definidos.

Debemos reconocer que la sociedad ecuatoriana, lamentablemente, no ha conseguido hasta el presente, consolidar una verdadera identidad nacional ni arraigar en el espíritu ecuatoriano, su verdadera y definida procedencia ancestral. Posiblemente hubiese convenido ser parte de la cultura, territorio y legado ancestral de aquel poderoso y desarrollado imperio de “los hijos del sol”, y haber mantenido una identidad sólida y soberbia de gentes identificadas con su propia cosmovisión y cosmogonía. Más fuimos invadidos, subyugados y separados.


3.        Reino de Quito, Real Audiencia de Quito, Presidencia de Quito y Ecuador


En la época de la colonia, los actuales territorios ecuatorianos, formaron parte del Reino de Quito, luego Real Audiencia de Quito, llamada también Presidencia de Quito, esos nombres se han quedado en la historia, en un pasado olvidado. Una gran parte de los ecuatorianos ya no se acuerdan ni saben su significado, perdiéndose con el tiempo la oportunidad de ir definiendo y fortaleciendo una identidad propia, basada en los orígenes de la nacionalidad aborigen y mestiza. Al final se viene teniendo una fuerte tendencia a identificarse con lo blanco, con lo español y, lastimosamente, reprochar lo indígena, lo autóctono.

La gran mayoría de ciudadanos ecuatorianos, se sienten hasta cierto punto “híbridos”, sin identidad, sin piso, sin un sustento histórico consciente y digerido. Se sienten frágiles, inseguros, en busca de adoptar lo primero que les llegue de afuera, les ofrezcan o perciban.

Urge la necesidad de rescatar la inmensa riqueza cultural e histórica que nuestros antepasados, con sudor, lágrimas y rebeldía generaron, y que a la vez, perdieron en aquella inhumana y despiadada época colonial, infringida por ambiciosos e insaciables españoles, escudados en la santa cruz y apoyados por ciertos encubridores y fanáticos curas.

Con respecto a los nombres originarios y muy auténticos con los que se reconocían a estos territorios, que posteriormente fueron indebida, injusta e irresponsablemente cambiados por el de “Ecuador”. Al menos la capital del país mantiene el nombre “Quito”, que hasta cierto punto proporciona un innegable grado de orgullo a sus habitantes; pero, no en el nivel que debería ser. Debemos trabajar más sobre este tema en particular. El de identidad y pertenencia.

El por qué el nombre “ecuador” ha desfavorecido tanto a la sociedad del actual Ecuador, en lo relacionado con la identidad nacional. Sencillo. ¿Qué significaba la palabra ecuador en aquellos tiempos, en que apareció tan misterioso nombre? ¿Era algo tangible o quizás ancestral? ¿Quién había evidenciado, en épocas pasadas su importancia y representatividad? o ¿fue mera novelería o impresión caprichosa, por la vulnerable y frágil situación en la que se desenvolvían los habitantes quiteños de entonces?

Lo que seguro es que, el nombre “Ecuador”, no llena ni llenará las expectativas, desde el punto de vista de identidad y pertenencia, a los habitantes de ese rebelde, noble y pródigo “Reino de Quito”.



Departamento de Quito en 1827



miércoles, 16 de julio de 2014

Manifestación E005 Ciertos factores que han incidido en nuestra Identidad Nacional



Iniciaré refiriéndome a varios factores, situaciones y particularidades específicas que, a mi juicio, han incidido directamente sobre la identidad nacional ecuatoriana, evitado que alcance niveles de crecimiento y evolución fuertes y necesarios.

En cierta manera, estos aspectos no han generado la oportunidad o no han permitido establecer el esencial ambiente favorable para que se alcance el fortalecimiento espiritual y cívico del ciudadano ecuatoriano. No han proporcionado la seguridad ni aquel sentimiento vital de identidad y pertenencia con este terruño para que, éste ser social, luche por el engrandecimiento, por el desarrollo, por hacer que ésta, su venerada patria sobresalga, como hubiésemos querido, no solo a nivel doméstico sino a nivel internacional. Esto será susceptible de alcanzar, si todos los habitantes y miembros de la sociedad ecuatoriana nos propongamos y comprometamos entusiastamente con el logro de tan trascendental objetivo.

Una gran parte de conciudadanos ecuatorianos no están lo suficientemente motivados ni dispuestos, para generar decididamente el progreso y desarrollo de nuestro país, porque infelizmente no han aprendido aún, a conocer íntegramente a su patria y todo su maravilloso potencial y recursos de toda índole, que la conforma, para así poder sentir ese ardiente y motivador amor patrio. No conocen, no sienten ni aprecian lo suficiente lo prodigioso y fértil que es su terruño, como para poder ofrecer su entrega total, en beneficio de su muy generoso Ecuador.

Desde el ámbito antropológico sí, todos los ecuatorianos de hoy nos identificásemos un poco más con nuestros orígenes, con los pueblos de la Época Preincaica que habitaron y se desarrollaron en los territorios del actual Ecuador, con su cultura y circunstancia, la situación de identidad nacional sería diferente, se vería mayormente fortalecida. Entre los más importantes y representativos grupos ancestrales se los puede mencionar a los altivos e indomables Shyris, Puruhaes, Manteños, Huancavilcas, Cañaris, Caránquis, Pastos, Quitus; además de importantes y legendarios pueblos y comunidades amazónicas como: la Huaorani, Kichwa, Cofán, Shuar, Quijos, entre otras. En función al gran valor étnico, cultural y humano que se reconocería en ellos y que ha trascendido hasta la actualidad; sin embargo, que han sobrevivido a una época cruel, inhumana y sanguinaria como la colonial.

Se podría manifestar que no se ha hecho lo necesario como para que los ecuatorianos nos sintamos verdaderos descendientes de estos bravos, altivos y tenaces nativos, paradigmas de la nacionalidad ecuatoriana. Por el contrario, cualquier relación con estas culturas ancestrales se la considera como algo ridículo, despreciable y ajeno. Hay que ser profundo y generoso para reconocer y evolucionar.

Para el ecuatoriano, en su gran mayoría, el que se lo compare o se lo tilde de indio, es atroz e indignante insulto. Evidencia de una profunda falta de identidad nacional, reforzada por una planificación carente de pragmatismo, por la ausencia de metodologías y contenidos académicos y didácticos más auténticos en la escolaridad nacional. Es el desconocimiento sobre la cosmovisión y cosmogonía de estos grandes pueblos y confederaciones indígenas que habitaron estas comarcas, hasta no hace poco. Mas, todavía existen, aunque pocos, reductos de esta noble y altiva gente, olvidada y maltratada, en espera de que se la rescate y valore en la justa dimensión que históricamente les corresponde.

Ya es hora de que se tome conciencia de la importancia, valor e influencia, de este aspecto humano, antropológico, en la conformación de la nacionalidad ecuatoriana y por ende de nuestra identidad nacional.


1.              NUESTROS ANCESTROS COSTEÑOS


Todos los ecuatorianos tenemos la obligación moral y cívica de conocer, profundizar el estudio, difundir y mantener presente la existencia y trascendencia de nuestros pueblos aborígenes costeños. De aquellos Valdivia, Machalilla, Chorrera, Manteños y Huancavilcas, intrépidos y valerosos navegantes que dominaron las profundas y peligrosas aguas oceánicas y recorrieron las extensas costas occidentales del hoy continente americano; sobre sus ingeniosas balsas marítimas, guiados por conocimientos de avanzadas técnicas de navegación, tiempo y astronomía, demostrando en aquel momento histórico en que, repentinamente se encontraron, el primer español navegante por estas desconocidas latitudes en 1526, Bartolomé Ruiz, con la milenaria e intrépida balsa del Pueblo Manteño, quedando evidenciado que, los aborígenes costeños del Reino de Quito conquistaron y expandieron su comercio y actividades socioculturales precolombinas por la “Mar del Sur”, durante siglos.

Archivo:Balsa del Corregimiento de Guayaquil y sus contigüedades - AHG.jpg

Ningún otro pueblo aborigen del continente, en las costas del Pacifico, existió y exploró la soberanía marítima, en épocas pretéritas como lo hicieron nuestros dinámicos y aventureros ancestros y que nos legaron generosos y altivos para que la conservemos, nos sintamos muy orgullosos y sigamos sus valientes y atrevidos pasos. Situación que lamentablemente no ha progresado y no hemos podido cumplir ni mantener dicho histórico legado.



Archivo:MarcaraHuancavilca1.jpg